Las mentiras
que comemos

El greenwashing alimentario: la mayor amenaza
sobre nuestra salud, el medio ambiente y los
derechos humanos
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Esta campaña da cuenta de las causas, las consecuencias sobre nuestra salud, el medio ambiente y los derechos humanos del greenwashing en la alimentación.
Por ello, reclamamos soluciones y pedimos actuar de urgencia para poner fin a estas malas prácticas.

Los sellos alimentarios son como los gatos de noche: todos son pardos. Es lo que hemos llamado el gatopardismo alimentario en una nueva investigación de Justicia Alimentaria en la que tratamos de poner algo de luz sobre el sistema de certificación de los productos alimentarios. La oscuridad que se cierne sobre el sellado de la leche, carne o el queso que consumimos es tal que no somos capaces de atisbar las consecuencias.

Las que sí hemos podido desvelar en este informe nos dan las pistas suficientes como para tomar conciencia y reclamar transparencia. Es tal la amenaza de este gatopardismo de la industria alimentaria sobre nuestra salud, el medio ambiente y los derechos humanos.

¿Cuál es el problema?   El greenwashing alimentario

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Las causas

El gatopardismo de la industria alimentaria: cambiarlo todo para que nada cambie.

La industria alimentaria ha puesto en marcha mil y una certificaciones que avalan las bondades ambientales de sus productos: Bio, natural, eco, orgánico, bienestar animal, neutro en carbono. Se trata de características que la ciudadanía valora y que influyen, cada vez más, en las decisiones de compra. Pero… ¿qué hay de cierto en ellas?

Ló único cierto es que la estrategia de la industria ha sido cambiar la piel (lo que lleva escrito el envase) para evitar tener que cambiar el interior.

Lo vemos en los sellos y certificaciones que inundan los envases de los productos alimentarios, pero también en cómo la industria “alimenta” el cambio climático o la explotación laboral.

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Las consecuencias

El greenwashing alimentario, la mayor amenaza sobre nuestra salud, el medio ambiente y los derechos humanos, disfrazada de libertad.

Si hay un problema que está en la primera línea de la agenda social y política es el cambio climático. Está relacionado prácticamente con todos los sectores de nuestras vidas, pero el de la alimentación es uno de los más relevantes y se ve frecuentemente señalado. Esto ha obligado a la industria a tratar de mostrar su compromiso en la lucha contra la emergencia climática.

Para ello se apoya en abundancia de informes y datos, que utiliza de forma parcial e interesada, lo que impide ver el conjunto. Es la doble estrategia del capitalismo verde, exhibir una idea, un dato, para esconder detrás todo lo que no conviene mostrar.

En Justicia Alimentaria hemos analizado el ciclo de producción completo y el panorama es muy diferente al que presenta la industria.

¿Qué pedimos?

Te explicaré por qué estás aquí. Estás porque sabes algo, aunque lo que sabes no lo puedes explicar. Pero lo percibes. Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es, pero ahí está como una astilla clavada en tu mente y te está enloqueciendo. ¿Sabes de lo que estoy hablando?

Hay una alimentación sana, ecológica, animalista, campesina, local y que actúa contra la emergencia climática, y otra, al lado, que es todo los contrario.

Y la manera de separar una de otra son los sellos y los reclamos en los envases, en su mayoría inventados por la propia industria alimentaria y están muy lejos de ser lo que crees que son.

Si la sociedad está preocupada por el bienestar animal, hay un camino más directo y efectivo, mejorar la legislación existente garantizando unos estándares de obligado cumplimiento, controlados por la inspección pública.

Esto es lo que la industria pretende evitar poniendo en marcha sus propias certificaciones.

¿Qué tipo de libertad es esta en la que se puede elegir entre una alimentación que daña al medio ambiente y otra que no?

¿O una en la que se puede explotar a las personas y otra que no?

Si como sociedad hemos decidido que queremos una alimentación con ciertos atributos en salud, medio ambiente, clima y derechos humanos, la queremos toda así y serán las políticas públicas adecuadas quienes impulsarán esa alimentación.

Es la política pública, impulsada socialmente, y no los sellos autogenerados por las corporaciones alimentarias donde está el campo de batalla para conseguir la alimentación que deseamos.

No han cambiado el foco y nos hemos encontrado atrapados en la red de los sellos, certificados y protocolos.

Regulación del mercado cognitivo que opera en los sellos y certificaciones privadas, y política pública de verdad, real. Este parece ser el camino para conseguir que la alimentación que defendemos sea hegemónica y popular.

En definitiva, la inmensa mayoría de los sellos que decoran los envases de los alimentos los ha inventado la propia industria alimentaria, que ha disfrazado sus productos de lo que cada vez más personas desean comprar.

¿Dónde quedan las políticas públicas? Si como sociedad queremos una alimentación sana, que respete el medio ambiente y los derechos humanos, las políticas públicas deberán impulsarla.

Ese es el camino, del que la industria, con sus estrategias de greenwashing, nos aleja.

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Actualidad relacionada

Justicia Alimentaria denuncia el greenwashing alimentario en España

La organización ha investigado las prácticas de la industria alimentaria y los procesos que utilizan para desmontar las grandes mentiras que hay detrás de los productos “eco”.

¿Qué significa que un alimento tiene la etiqueta bio en su packaging? ¿Sabes cuánto contamina el yogurt ecológico que compras todas las semanas?  Hoy en día, muchos productos alimentarios cuentan con infinidad de sellos y certificaciones fruto del greenwashing empresarial, técnicas de marketing que las empresas utilizan para aprovecharse del vacío legal que impera en la industria alimentaria. Justicia Alimentaria ha presentado hoy en València el informe ‘Las Mentiras que Comemos. Anatomía del greenwashing alimentario’, con el objetivo de denunciar esta praxis y la falta de legislación al respecto.

El estudio, elaborado por Ferrán García, investigador de Justicia Alimentaria, hace hincapié en que estas prácticas pretenden confundir al consumidor. “Las empresas aprovechan el vacío legal para jugar a la confusión y vender más. Se muestran comprometidos con los problemas ambientales, sociales o de salud que éstos tienen pero realmente no cambian el contenido del producto, solo incorporan un atributo en la etiqueta”, comenta Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria.

Estos sellos corporativos están diseñados y controlados por la propia industria o en colaboración con fundaciones privadas. Uno de los que tiene más presencia es The Carbon Trust o Certificación de Neutralidad de Carbono, una distinción climática que certifica que un producto está comprometido con la descarbonización, pero la realidad es que el consumidor es incapaz de saber si el producto ha emitido mucho o poco CO2 durante su elaboración.

Certificaciones confusas

Poner un sello ecológico en un producto traslada al consumidor la idea de que es mejor que uno que no lo lleva. Además, la certificación ecológica no distingue aspectos laborales o de derechos humanos. “La agricultura intensiva de exportación se traduce en explotación laboral y, en muchos casos, en explotación humana”, añade Guzmán.

El sello oficial de producción ecológica indica que se han cumplido los requisitos específicos que recoge la normativa que lo regula, el problema es que puede inducir a error al generar unas expectativas superiores a lo que su normativa regula. Un claro ejemplo son las frutas y hortalizas cultivadas en invernaderos de regadíos. Estas, pueden llevar la certificación ecológica pero detrás hay un fuerte impacto en el cambio climático y en la explotación del agua.

Verde parece, verde no es 

En la producción agrícola, invernaderos, regadíos y fertilizantes son las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero y esto no se tiene en cuenta a la hora de calcular las condiciones ecológicas de los sellos. España es el segundo país del mundo en superficie de invernaderos, con 70.000 hectáreas, por detrás de China que tiene 80.000. Solo Almería y la costa de Granada cuentan con 30.000 hectáreas de invernaderos que producen 4,5 millones de toneladas de frutas y hortalizas, de ahí sale el 25% de todas las frutas y hortalizas que consumen en Europa.

Los regadíos son la segunda fuente de emisión de CO2 de la producción agrícola, que consumen alrededor del 80% del agua de las cuencas del país. Además, la agricultura intensiva depende del uso de fertilizantes sintéticos que inevitablemente emiten dióxido de carbono en su producción y requieren una elevada cantidad de energía.

Por otro lado, el informe destaca que la fabricación y el uso excesivo de fertilizantes sintéticos es la gran fuente de emisión de CO2 del sector agrario, prácticamente la mitad de las emisiones de todo el sector agrícola (el 45%) es atribuible a los fertilizantes, además de ser altamente demandante en energía y totalmente dependiente de la disponibilidad y precio del gas natural. A modo de ejemplo, la energía necesaria para fabricar todo el fertilizante sintético usado en la agricultura española es la equivalente a la que utiliza una ciudad como Barcelona todo el año o el 45% de la que utiliza Madrid.

 También en la explotación animal 

Los sellos de bienestar animal también están en auge como es el caso del de Interporc, la asociación de las empresas productoras de cerdo. Sus criterios son tan laxos que permiten la castración de los cerdos sin anestesia hasta los siete días de vida, el recorte de dientes y rabo o que el 20% de los animales padezca dificultades respiratorias. Interporc asegura que el 60% del sector ya ha logrado su sello. Este es un claro ejemplo de que la población sobreentiende que ese producto ha pasado unos filtros de bienestar animal, pero la realidad es muy diferente.

Soluciones que pasan por la administración 

La gran mayoría de sellos que encontramos en los alimentos están creados por la propia industria. Desde Justicia Alimentaria piden impulsar políticas públicas firmes y precisas que luchen contra el cambio climático, produzcan una alimentación sana y respeten los derechos laborales y humanos. “Hace falta un cambio radical del sistema alimentario, por eso tenemos como objetivo mejorar la legislación existente garantizando unos estándares de obligado cumplimiento y que estén controlados por la inspección pública”, dice Javier Guzmán. De entre las propuestas, destaca la prohibición de los sellos y la auto certificación corporativa alimentaria, apostando por un sistema público de etiquetado y certificación social, ambiental y de salud y la implicación del Gobierno y Administraciones públicas para acabar con las prácticas de explotación laboral.

Sobre Justicia Alimentaria

Justicia Alimentaria es una asociación que trabaja para cambiar el sistema agroalimentario actual, que enferma las personas, oprime y expulsa a las comunidades rurales y destruye el medio ambiente. Este cambio pasa por la consecución de la Soberanía Alimentaria con el objetivo de lograr sistemas de producción locales y justos, que proporcionen una alimentación saludable para las personas y para el planeta.

Alimentando el cambio climático

Si hay un problema que está en la primera línea de la agenda social y política es el cambio climático. Está relacionado prácticamente con todos los sectores de nuestras vidas, pero el de la alimentación es uno de los más relevantes y se ve frecuentemente señalado.

Esto ha obligado a la industria a tratar de mostrar su compromiso en la lucha contra la emergencia climática. Para ello se apoya en abundancia de informes y datos, que utiliza de forma parcial e interesada, lo que impide ver el conjunto. Es la doble estrategia del capitalismo verde, exhibir una idea, un dato, para esconder detrás todo lo que no conviene mostrar.

En Justicia Alimentaria hemos analizado el ciclo de producción completo y el panorama es muy diferente al que presenta la industria. En el informe lo abordamos en profundidad.

La mayor amenaza sobre nuestra salud, el medio ambiente y los derechos humanos, disfrazada de libertad.

¿Quieres bienestar animal? Ahí tienes. Miles de productos con decenas de sellos, hechos para ti. ¿Quieres alimentos ecológicos? No hay problema. Aquí van. Sellos eco por doquier. ¿Te preocupa el cambio climático? Claro que sí, mira todo lo que te traigo, una oferta amplísima de alimentos neutros climáticamente. ¿Qué más te preocupa? Pide por esa boquita. ¿La salud? Por supuesto, no nos podemos olvidar de la salud. Te he preparado etiquetados nutricionales como el Nutriscore, he estampado propiedades nutricionales en todos y cada uno de los alimentos, que si tiene hierro, que si ayuda a tus defensas que si fortalece tus huesos, que si reduce el colesterol.

También te ofrezco alimentos bajos en cosas malas, bajos en sal, bajos en azúcar, bajos en grasas, lo que quieras. Igual eres de ls que quieren un medio rural vivo, que te preocupa el campesinado. Bueno, pues compra los alimentos que llevan la palabra campesino, o artesano o local o campero, incluso te mostraré fotografías de las personas agricultoras o ganaderas que están cultivando o ordeñando para ti. ¿Se puede tener más libertad?

Construye tu identidad a medida, como si fueras una figura lego, pon las piezas que quieras y encontrarás la gama de alimentos ideal para ti. Pero nos hemos dejado algo en el camino. Algo chirría en todo esto, ¿verdad? Regular este mercado cognitivo para poner a la información fake pero con apariencia de veracidad es un paso imprescindible. También lo es para los sellos que atestan los envases alimentarios.

Sala de Prensa

Las mentiras que comemos: Nuestras propuestas políticas.
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Dossier de prensa ‘Las mentiras que comemos’
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En los medios

Los alimentos de kilómetro 0 ganan terreno entre los consumidores

“Proximidad no es solo estar cerca, sino estar apegado al territorio y tener una agricultura social detrás”, tercia Javier Guzmán, autor del reciente informe Las mentiras que comemos.

25/10/2021. En ‘Clima y Medio Ambiente’ de ‘El País’, por Miguel Ángel Medina.

“Un gran invernadero de Almería puede tener certificación ecológica, pero exportar su producción a Europa, lo que tiene una huella hídrica brutal y mucho impacto en el cambio climático”, apunta Javier Guzmán, director de la ONG Justicia Alimentaria.

“Proximidad no es solo estar cerca, sino estar apegado al territorio y tener una agricultura social detrás”, tercia Javier Guzmán, autor del reciente informe Las mentiras que comemos. El director de Justicia Alimentara alerta de que, al no existir una regulación específica, los supermercados están etiquetando como locales productos que vienen de grandes industrias, en ocasiones ultraprocesados, e incluso están creando sus propios sellos de proximidad.

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Justícia Alimentària denuncia pràctiques de ‘greenwashing’ que acaben confonent els consumidors.

Molts productes alimentaris tenen infinitat de segells com BIO o ECO, “aprofitant el buit legal de la indústria alimentària, amb l’objectiu de rentar la imatge de les empreses que els distribueixen. És l’advertència de l’estudi Las mentiras que comemos. Anatomía del greenwashing alimentario, de l’associació Justícia Alimentària, que denuncia aquesta praxi i la falta de legislació en el sector.

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Justicia Alimentaria advierte que la mayoría de las certificaciones vinculadas al medio ambiente o al bienestar animal las crea la propia industria, por lo que piden un sistema público de etiquetado.

En València los pequeños productores artesanos conocen muy bien las prácticas confusas de las distribuidoras. En el arroz, no faltan las falleras valencianas ilustrando paquetes que no tienen la Denominación de Origen Protegida (DOP) Arroz de València; o barracas, un Micalet o un Jaume I en envases de horchata que tampoco tienen la DOP Chufa de València. Por no hablar de las denominaciones confusas como “fresca”, “artesana” o “naturalmente” en las horchatas envasadas, como si se tratara de las naturales de horchatería.

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¿Son fiables los sellos de los productos que consumimos?

Las marcas llevan años usándolos para posicionar mejor sus productos y convertirlos en “opciones saludables” que llamen al consumidor a comprar.

15/10/2021. En El Periódico, por Begoña González.

Vivimos inmersos bajo un constante bombardeo de eslóganes. Muchas veces no somos ni conscientes de lo mucho que han calado en el imaginario ciertas afirmaciones que la industria alimentaria nos ha ido haciendo creer y que pocos se cuestionan. Fresco, saludable, ecológico, hecho en casa, auténtico, real, artesano o directo del campo son tan solo algunos de los ejemplos que ilustran a la perfección los triunfos del márqueting sobre el sentido común. Las marcas llevan años usándolos para posicionar mejor sus productos y convertirlos en “opciones saludables” que llamen al consumidor a comprar.

“La industria ha visto una oportunidad en apropiarse del uso de estos conceptos haciendo creer al consumidor propiedades que los productos industriales lógicamente no tienen. Y al mismo tiempo, arrebatando el significado de los reclamos a las pequeñas explotaciones, artesanales y realmente auténticas, que sí están trabajando basadas en estos atributos”, aseguran desde la organización barcelonesa Justicia Alimentaria. Con la finalidad de denunciar estas prácticas, la organización ha elaborado el informe ‘Las Mentiras que Comemos. Anatomía del greenwashing alimentario’.

En los últimos años, la publicidad de alimentos ha dado un giro apostando por destacar los aspectos saludables de los productos enfocándose así en la creciente tendencia del consumidor de cuidarse, bajar de peso o comprar conscientemente. En todos los estudios sobre tendencias alimentarias y aspectos que preocupan al consumidor, los elementos relacionados con la salud son los más destacados, ya sea de forma directa o bien indirecta, por ejemplo a través de los conceptos de natural o artesano. Esta se ha convertido en la nueva baza de muchas empresas que aprovechando el vacío legal y la falta de unidad en los criterios de obtención de los distintos sellos, los utilizan para lavar su imagen y la de sus productos.

Vacío legal

El estudio hace hincapié en que estas prácticas pretenden confundir al consumidor. “Las empresas aprovechan el vacío legal para jugar a la confusión y vender más. Se muestran comprometidos con los problemas ambientales, sociales o de salud que éstos tienen pero realmente no cambian el contenido del producto, solo incorporan un atributo en la etiqueta”, comenta Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria.

Estos sellos corporativos están diseñados y controlados por la propia industria o en colaboración con fundaciones privadas. “Existen más de 400 sellos y ninguno está regido por una normativa estricta con garantías para el consumidor”, explica Guzmán. Uno de los que tiene más presencia es The Carbon Trust o Certificación de Neutralidad de Carbono, una distinción climática que certifica que un producto está comprometido con la descarbonización, pero la realidad es que el consumidor es incapaz de saber si el producto ha emitido mucho o poco CO2 durante su elaboración, explican en su informe.

“Poner un sello ecológico en un producto traslada al consumidor la idea de que es mejor que uno que no lo lleva. Además, la certificación ecológica no distingue aspectos laborales o de derechos humanos. La agricultura intensiva de exportación se traduce en explotación laboral y, en muchos casos, en explotación humana”, añade Guzmán.

El sello oficial de producción ecológica indica que se han cumplido los requisitos específicos que recoge la normativa que lo regula, el problema es que puede inducir a error al generar unas expectativas superiores a lo que su normativa regula. Un claro ejemplo son las frutas y hortalizas cultivadas en invernaderos de regadíos. Estas, pueden llevar la certificación ecológica pero detrás hay un fuerte impacto en el cambio climático y en la explotación del agua.

Así, muchas veces los consumidores toman decisiones basadas en esta serie de reclamos de márqueting cuando buscan productos saludables para consumir y terminan por comprar productos que no aportan una gran diferencia con respecto a los de los competidores.

Este hecho hace especialmente vulnerables a caer en este engaño a quienes cuidan su alimentación para la pérdida de peso o el control de ciertas enfermedades como el colesterol, porque son un público propenso a confiar en las etiquetas para buscar alternativas a los productos que consideran menos sanos o prescindibles.

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Justícia Alimentària adverteix que la majoria de certificats de sostenibilitat són inventats.

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Las mentiras que comemos

96 páginas con datos exclarecedores sobre la industria alimentaria

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